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miércoles, 25 de junio de 2014

MIRIÑAQUE o POLISÓN

REVISANDO EL PASADO
Esta ilustración encontrada en Internet  de unos simpáticos patitos.

Me pareció una imagen divertida pero para llegar a esta silueta caricatural, las mujeres llevaban unos armazones o almohadillas que parecían más herramientas de tortura que ropa interior.
Me encanta averiguar el atuendo de la mujer de las décadas pasadas. 



Un tema muy interesante,  la moda de las mujeres me resultó de los más divertida  y elegante, aunque admito que me alegro de vivir en esta época  porque no sé cómo me las habría apañado con tantas capas de tela, sin olvidar los polisones que redondeaban la retaguardia de las damas o los corsés que aprisionaban el talle y el pecho.




El polisón.  El término de polizon que el castellano tomo del francés “Polisson” tiene una acepción en desuso (sujeto ocioso y sin destino) en el francés del siglo XVII correspondía a mendigo, vagabundo porque en el argot antiguo “Polir” significaba “Vender”  y ellos solían vender las prendas de vestir que habían pedido de limosna.  

Del mismo origen francés polisson viene la palabra “Polisón”, que era el nombre que le daban a finales del siglo XIX y principios  del XX a una especie de armazón de caña que abultaba el vestido de las señoras por detrás, curiosa moda que hacia parecer que estaban dotadas de enormes asentaderas.

El miriñaque, también llamado crinolina, también armador, es una forma de falda amplia utilizada por las mujeres a lo largo del siglo XIX que se usaba debajo de la ropa. ...
Crinoline_1840
Alrededor de 1850, una situación generalizada de prosperidad en la economía europea, impulsó una mayor complicación en el vestido; las faldas fueron agrandándose, efecto que se consiguió, en un principio, incrementando el número de enaguas que se colocaban por debajo de la falda. 

La incomodidad y el peso generado por estas enaguas, llevaron a que se diseñara la crinolina en 1856.


El miriñaque, también llamado crinolina o armador, fue una forma de falda amplia utilizada por las mujeres a lo largo del siglo XIX que se usaba debajo de la ropa. 



En realidad, el miriñaque consistía en una estructura ligera con aros de metal que mantenía abiertas las faldas de las damas, sin necesidad de utilizar para ello las múltiples capas de las enaguas que había sido el método utilizado hasta entonces. 

El miriñaque fue originalmente una tela rígida con una trama de crin y una urdimbre de algodón o de lino.

 La tela apareció primero alrededor de 1830, pero, hacia 1850, la palabra había venido a significar una enagua tiesa, o una estructura rígida, en forma de falda con aros de acero diseñada para sostener las faldas del vestido de una mujer en la forma requerida. 

No debe pensarse que la crinolina era una estructura completamente rígida e inamovible, pues se balanceaba hacia cualquiera de los lados con los movimientos de la mujer, y cualquier presión sobre una parte de la falda provocaba un movimiento completo de la misma. 

Los miriñaques fueron intensivamente usados en su extravagante forma original aproximadamente entre 1856 y 1866, alcanzando su máximo tamaño alrededor de 1860. 



Desde entonces, el término se ha utilizado para designar los variados inventos utilizados para sostener las faldas holgadas hacia diferentes direcciones; sin embargo, estos miriñaques más recientes no guardan relación con los clásicos. 

Las críticas hacia este adminículo se fueron  generalizando, hasta el punto de convertirse en objeto de burla.   

Alrededor de 1865, el aumento de volumen de la falda quedo restringido a la parte trasera.

El gran bajo de la falda con miriñaque se hizo más pequeño, se alisó por casi toda su estructura. 

En la última década del siglo, la mujer comenzó a liberarse poco a poco de las incomodidades de los polisones y las crinolinas, sustituyéndolas por simples enaguas y pantaloncitos o drawers más adecuados para usar trajes más cómodos y prácticos.

 La mujer comenzaba a incorporarse paulatinamente al mundo laboral administrativo y necesitaba libertad de movimientos. 

Las vistosas exageraciones de mitad de siglo dieron paso a trajes con twill walking skirts, faldas circulares, ceñidas con un cinturón y acampanadas en la parte inferior, ligeramente más cortas que sus antecesoras, dejando ver sus botines. 

Completaba el vestuario de esta nueva mujer una blusa de cuello alto y mangas abullonadas y una chaqueta corta y ajustada. 

La cabeza se cubría con un sencillo sombrero pequeño y poco adornado o por un simpático sombrerete de paja denominado straw sailor hat, únicamente engalanado con un lazo o una pluma pequeña.

Los complementos más utilizados por las mujeres victorianas eran los parasoles y los pequeños bolsos, tipo bombonera, drawstring hangbag, adornados con azabaches y hechos de satén y terciopelo, con elaborados bordados, abanicos y mutones, fur muffs.



Como hemos visto poco a poco el proceso de revolución industrial y la incorporación de la mujer a la vida social más allá de la anfitriona casera y madre de familia fueron moldeando los diseños de la moda a través de los años, pero también creando un nuevo modelo de negocio muy lucrativo, que no ha dejado de crecer en el ultimos siglo.
Como olvidar los corsés que no eran menos claustrofóbico. 
Volvemos a un nuevo instrumento de tormento porque aprisionaba toda la caja torácica impidiendo una correcta respiración.

 Sin hablar de las malformaciones que creaba en la columna vertebral por la postura antinatural: Desplazamiento de algunos órganos del aparato digestivo, deformaciones musculares y de columna y problemas gástricos, entre otros.
Se conoce como época victoriana a un periodo en la historia de Gran Bretaña que coincide con el reinado de Victoria I (1837–1901), donde el Reino Unido se convirtió en la primera potencia mundial por la prosperidad de su economía y la extensión e importancia de su imperio colonial.